En 1945, después de resolver el reparto
del mundo con decenas de millones de muertes, destrucción
sin precedentes y horror nuclear, la Carta de Naciones Unidas
afirmó en su preámbulo "Nosotros, pueblo
de las Naciones Unidas, resueltos a preservar a las generaciones
futuras del flagelo de la guerra (...) y a instaurar métodos
que garanticen que no se recurrirá a la fuerza de las
armas salvo en aras del interés común(...) hemos
decidido asociar nuestros esfuerzos para realizar estos designios."
El articulo 1 de la Carta señalo: "Los propósitos
de la ONU son: Mantener la paz y la seguridad internacionales,
y con tal fin tomar medidas colectivas eficaces para prevenir
y eliminar amenazas a la paz. (...) fomentar entre las naciones
relaciones de amistad basadas en el principio de igualdad
de derechos, realizar la cooperación internacional
en la solución de problemas internacionales, y servir
de centro que armonice los esfuerzos de las naciones para
alcanzar estos propósitos comunes."
Después de la suscripción de
la Carta el mundo sufrió guerras de agresión,
guerras coloniales, guerras fronterizas, guerras étnicas
y guerras civiles. En el último decenio ha habido millones
de víctimas en el holocausto de la guerra.
El fin de la guerra fría con la desestructuración
de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas
no condujo en absoluto a la anhelada desaparición de
la carrera armamentística. La doctrina de la Mutua
Destrucción Asegurada que prevaleció durante
el mundo bipolar produjo la dudosa hazaña de acumular
suficiente potencial destructivo para arrasar no una, sino
muchas veces cualquier vestigio de vida en la tierra.
Después del fin de la URSS y la era
del equilibrio militar y la "disuasión recíproca"
ingresamos a un mundo dominado por una triunfante potencia
hegemónica con un poder armamentístico sin precedentes
históricos.
Los atentados del 11 de septiembre del 2.001
dispararon un aumento del gasto militar estadounidense en
el orden de los 48.000 millones de dólares en el periodo
2.002-2.003, previendo alcanzar los 470.000 millones de dólares
de presupuesto militar en el 2.006 -2.007.
Esta descomunal inversión en armamento
significa en sí misma una negación de la paz
mundial: las armas solo tienen una función y es imposible
ingresar en una carrera productiva de armas sin que ellas
sean utilizadas. Cuando se considera el hecho de que tan solo
con una parte del colosal presupuesto de armamento se podrían
solucionar las profundas crisis de hambre, salud y educación
en el mundo, no es difícil concluir que la lógica
armamentística responde a la necesidad de mantener
con el uso de la fuerza un sistema de dominación mundial
en el que las ínsulas de opulencia y despilfarro insostenible
están conectadas a los océanos de pobreza y
necesidad, acelerando una ciega dinámica autodestructiva.
El presupuesto militar aumenta en gran parte
de las naciones llamadas civilizadas y en el sur las guerras
tantas veces fraticidas toman el carácter de pequeños
conflictos internos pero no por ello menos sangrientos o destructivos.
No deja de ser alarmante que la historia
humana este plagada de conflictos bélicos que muestran
cómo la razón todavía no reina en la
forma de actuar de políticos y estados.
La carta de Mahatma Gandhi al director general
de la UNESCO durante el proceso de formulación de los
Derechos Humanos es todavía un testimonio clave para
comprender el camino hacia la paz y la relación directa
de esta con derechos y deberes.