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Grito de Alerta

En los tiempos que corren y cuando oleadas de seres humanos del sur intentan trepar los muros de las fronteras impuestas por la feliz globalizacion, solo nos queda recordar que hace algo así como quinientos años, comenzando lo que llaman modernidad, la cosa era al revés. De la mano de las ambiciones de los imperios europeos se ampliaron las fronteras a la fuerza y en épocas que llamaron de conquistas fueron borrando con armas, vestigios antiquísimos de ricas civilizaciones, huellas de culturas valiosas para la comprensión de lo que somos.

En el inicio del siglo pasado y a mediados del mismo, también, oleadas inmensas de seres humanos zarpaban hacia el sur colonial exiliados de la miseria y el hambre, en medio de tambores de guerra que implacables anunciaban la persecución. La historia no se repite, es la misma.

Hombres y mujeres del sur con nombres y apellidos en lenguas propias de la Europa llamada civilizada ( franceses de Africa, españoles de América, ingleses de Asia) merodean en las costas, en las fronteras terrestres y aéreas, esperando que alguna puerta entreabierta deje una luz de entusiasmo para seguir viviendo. Otros y otras en sus mismas naciones han sido expulsados de sus tierras por las ambiciones de los guerreristas, de los terratenientes, de los poderes económicos. Igual que aquellos que en las fronteras norteñas esperan una mínima seña de razón, un ligero intersticio para romper las barreras impuestas por la misma idea moderna de democracia, los nuestros encuentran cerradas con fuerza las puertas de la justicia y son expulsados a la mayor empresa generadora de empleo de la época neoliberal: la calle.

Ahora, en el primer año de este milenio, en donde lo frecuente es la violación legal de los derechos de los ciudadanos del sur los territorios de la integración son solo espejismos. Ilusiones ópticas creadas para la sumisión económica, política y cultural.


Como diría Monterroso, el pequeño y hermoso guatemalteco: cuando despertamos el dinosaurio ya no estaba. No había desaparecido: solo no estaba. El monstruo algunas veces parece dormido, otras dopado, pero siempre esta en sala de la casa esperando, encima del tapete en el que se encuentra la llave, en donde esta escondida la palabra, en donde se esconde la libertad. Nos han empujado a transitar de una sociedad cuya perplejidad y asombro provenía de la imaginación a una sociedad sumida en el terror que proviene de la sin razón. Así se organiza lo que podría ser la mas cruel de las paradojas: ante la imposibilidad de ser razonables nos imponen la urgencia de ser irracionales.

Frágil como todas las mentiras, las promesas liberales de la igualdad, la fraternidad y la libertad, se desmoronan en medio de los abismos mas grandes. Los laberintos lingüísticos edificados para controlar las resistencias, las actitudes y corazones revolucionarios también muestran su frágil cimentación.

Ya el discurso ético es solo palabra. Solo se buscan unas sensibilidades que rompan con la dureza de los poderes establecidos

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